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Saint-Émilion — 2024

“Sofía vio cómo las estrellas se formaban y se disolvían en una danza cósmica. "El caos es necesario para que la creación avance", explicó Orion.”

Había una vez, en un reino lejano rodeado de bosques antiguos y montañas resplandecientes, una joven llamada Sofía. Era conocida por su corazón puro y su curiosidad insaciable, siempre buscando respuestas a las preguntas que habitaban su mente. A menudo se sentaba bajo el árbol más viejo del bosque, aquel que parecía haber escuchado todos los secretos del mundo, y allí soñaba con encontrar lo que le faltaba.

Sofía sentía que algo importante le faltaba en la vida, algo profundo y misterioso. No era la riqueza ni el poder, ni siquiera la compañía de otras personas. Lo que le faltaba era una sensación de conexión, algo que pudiera llenar el vacío que sentía en su corazón, pero no sabía exactamente qué era. En su búsqueda por encontrar este algo perdido, viajó por montañas nevadas, atravesó valles y ríos turbulentos, pero nunca hallaba lo que buscaba.

Un día, cansada y un poco desesperada, Sofía decidió caminar más allá de los límites conocidos del reino, adentrándose en el Bosque Prohibido, un lugar del que todos hablaban en susurros, lleno de misterios y criaturas invisibles. Nadie se atrevía a ir allí, pues se decía que aquel bosque guardaba secretos que no deberían ser revelados.

Sofía, sin embargo, no temía al misterio, pues sabía que su búsqueda necesitaba algo más que simple coraje: necesitaba entender. Así que, armada con su determinación, se adentró en el bosque, dejando atrás el camino familiar. La oscuridad de los árboles, que se entrelazaban como viejas manos, parecía envolverla, pero ella no titubeó.

Obra: Sofía en el Bosque del Susurro Cósmico — Acrilico sobre papel algodøn, — 2024.

Paseó durante horas, tal vez días, sin poder ver el sol ni las estrellas. Los sonidos del bosque, las hojas susurrando y el crujir de las ramas bajo sus pies, se volvían cada vez más intensos. Al principio, Sofía creyó escuchar sus propios pensamientos, pero pronto comenzó a escuchar algo más, algo lejano y melódico, como un canto antiguo que la llamaba.



El Encuentro con Mirael, la Guardiana de la Red

Siguiendo esa voz, llegó a un claro rodeado de rocas cubiertas de musgo, donde una fuente cristalina brotaba del centro. En el borde de la fuente, apareció una figura etérea, su rostro formado por hojas y raíces entrelazadas, y sus ojos brillando con una luz suave, como si todo el bosque estuviera en su mirada.

"¿Qué buscas, joven?" preguntó la figura sin volverse, su voz como el susurro de una brisa fresca.

"Busco lo que me falta", respondió Sofía, sintiendo que sus palabras resonaban en el aire, como si ya no fueran solo suyas. "Siento que algo importante me falta, pero no sé qué es."

La figura se giró lentamente, revelando un rostro sereno y lleno de sabiduría. "Lo que buscas no está en lo que tienes, ni en lo que puedes ver. Está en lo que te has perdido, pero no te has dado cuenta", dijo la criatura, cuya presencia emanaba una paz profunda.

Sofía, confundida, miró la fuente. El agua brillaba como si tuviera una vida propia. "¿Qué significa eso?" preguntó.

La criatura sonrió levemente. "Bebe del agua y verás lo que te falta."

Con algo de duda, pero sintiendo que no había otra opción, Sofía se inclinó y bebió del agua clara. En el mismo instante en que el agua tocó sus labios, una sensación extraña la recorrió. Cerró los ojos y, al abrirlos nuevamente, vio una visión: vio sus recuerdos, pero no como los había vivido. Vio cómo su vida había estado entrelazada con la naturaleza: las plantas que había tocado, las lluvias que la habían mojado, el viento que acarició su rostro. Todo estaba conectado, y ella misma era parte de ese vasto entramado de vida.

La criatura, Mirael, habló con voz profunda: "La naturaleza te habla en susurros, y siempre has estado conectada con todo lo que te rodea. Lo que buscas no es algo externo, sino algo que siempre ha estado dentro de ti. El bosque te ha cuidado y siempre ha estado allí para ti."


El Encuentro con Lume, el Alquimista del Caos

Al continuar su camino, Sofía encontró un rincón del bosque donde todo parecía haber sido arrasado: árboles caídos, rocas quebradas y flores marchitas. Sin embargo, al centro del caos, una figura trabajaba en medio de las ruinas: un ser brillante con una melena hecha de fuego y luz, sus manos moviéndose de manera fluida y cambiante, creando algo hermoso a partir de la destrucción.

"¿Qué haces aquí?" preguntó Sofía, cautivada.

Lume sonrió, su rostro como una combinación de fuego y sombra. "Trabajo con el caos", dijo. "La vida es creación y destrucción, y a partir del desorden, surge la nueva forma. Cuando la vida parece desintegrarse, es el momento perfecto para renovar y regenerar."

Sofía observó cómo Lume levantaba las piedras rotas y las convertía en flores brillantes. "El caos no es malo", continuó Lume. "Es simplemente el principio de la creación. Lo que parece estar roto, en realidad, está siendo reconstruido de una manera nueva y más fuerte."

Sofía, comprendiendo, entendió que el vacío que sentía en su corazón era parte de un ciclo natural: todo lo que parecía perdido podía ser renovado y transformado.


El Encuentro con Orion, el Vidente de la Entropía

Mientras Sofía caminaba más profundamente en el bosque, llegó a un claro donde el aire parecía más denso, y las sombras se alargaban, suspendiendo el tiempo. Allí encontró a Orion, un anciano cuyas manos brillaban con polvo estelar y cuya mirada parecía contener la sabiduría de todo el universo.

"¿Quién eres?" preguntó Sofía, fascinada por su presencia.

"Soy Orion, el Vidente del Equilibrio. Entiendo el ciclo de la vida, el caos, la creación, y la entropía que mueve el universo", respondió con voz profunda como el eco de las montañas. "Lo que ves como desorden, es solo parte de un proceso mayor. El equilibrio cósmico es constante. Lo que se destruye, es reemplazado por lo que debe surgir. Todo es parte de un ciclo eterno."

Orion extendió una mano hacia el cielo y, al instante, Sofía vio cómo las estrellas se formaban y se disolvían en una danza cósmica. "El caos es necesario para que la creación avance", explicó Orion. "El desorden tiene un propósito, pues cada momento de destrucción da paso a una nueva forma de vida. Nada es permanente, todo está en constante cambio."

Sofía comprendió finalmente que su vacío no provenía de la falta de algo, sino de su falta de aceptación del proceso eterno de transformación. La vida estaba en constante evolución, y ella misma debía aprender a fluir con ese ritmo.


La Revelación Final

Al regresar a la fuente, Sofía ya no se sentía vacía ni perdida. Había comprendido que lo que buscaba no estaba en un lugar lejano, ni en un objeto o en las personas. La conexión que deseaba ya existía dentro de ella, como un reflejo de la naturaleza misma. Al igual que el caos se convierte en creación y el desorden en orden, ella también podía encontrar su propio equilibrio.

La criatura que había encontrado al principio, Mirael, la miró una última vez y le sonrió: "Recuerda, lo que buscas no está afuera. Está dentro de ti, en la red invisible que une a todo ser. La naturaleza siempre ha sido tu guía."

Sofía regresó a su aldea, pero esta vez, no como la joven que había salido a buscar algo, sino como alguien que finalmente había encontrado su lugar en el mundo. Lo que había estado buscando, siempre estuvo dentro de ella, en la danza eterna de la naturaleza que la rodeaba.


Moraleja: Lo que extrañas, lo encuentras en la naturaleza, pues todo lo que buscas ya vive en ti, esperando ser descubierto en la conexión profunda con el mundo que te rodea.